La diferencia entre educar para la libertad y entrenar para la esclavitud

La mente humana, concedida por un Creador divino, ha desarrollado notables formas de tecnología. Es irónico que este auge de la innovación tecnológica pudiera conducir a la defunción de la mente que inventó esa tecnología en primera instancia.

Ya hemos escrito en otra ocasión acerca de la tecnología, un concepto educacional acuñado por los puritanos y reformadores. Ellos concibieron la idea de una educación liberal para todos; era liberal en el sentido de que estaba basada en la razón y la revelación y preparaba a las personas para vivir la vida como hombres y mujeres libres. Este tipo de formación presenta un marcado contraste con la educación especializada, técnica y aislacionista de la era moderna.

Uno de los hombres que elaboraron el concepto de la educación liberal fue Jan Amos Comenius (1592 -1670). Comenius fue un maestro, educador y escritor checo. En su obra Didactica Magna – The Whole Art of Teaching [Didáctica Magna: el arte de la enseñanza], Comenius presentó el principio de la pansofía. Pansofía es un término desconocido que es más fácil de entender si analizamos las partes que lo componen:

  • Pan = la unión de las partes en un grupo (es decir, en un todo).
  • Sofía = luz, entendimiento, sabiduría.
  • Por lo tanto, pansofía es la integración o reunión de toda la sabiduría, sin importar dónde se encuentre, en un marco unificador.

En breve, la idea de la pansofía es, en muchos sentidos, lo opuesto del movimiento hacia la educación especializada del Occidente moderno. ¡Comenius creía que todos debían aprender todo! Los reformadores, y más adelante sus descendientes puritanos, introdujeron al mundo los conceptos de un conocimiento unificado y de la educación universal.

Los primeros científicos entendieron que Dios se revela a sí mismo por medio de su creación y su palabra. La verdad se encuentra en la encrucijada entre la Razón y la Revelación. Esta mentalidad y forma de ver el mundo, de origen judeocristiano, fue la que permitió el desarrollo de la ciencia —pensar los pensamientos de Dios después de él— y la tecnología, que consiste en aplicar la ciencia para resolver los problemas de la maldad natural de este mundo.

Para ahondar más en este tema, consulte el excepcional libro de Pearcey y Thaxton, The Soul of Science [El alma de la ciencia] (disponible en inglés).

John Milton, el poeta puritano, escribió sobre el propósito de la educación:

Por lo tanto, el fin del aprendizaje es reparar las ruinas de nuestros primeros ancestros recuperando un conocimiento correcto de Dios para, a través de ese conocimiento, amarlo, imitarlo, ser como Él en la más alta medida en que podamos serlo, dejando que nuestra alma sea dominada por la verdadera virtud […]. Por consiguiente, abogo por una educación completa y generosa que instruya al hombre para desempeñarse con justicia, destreza y magnanimidad en todos los oficios, tanto privados como públicos, tanto en la paz como en la guerra.

Sin embargo, el mundo moderno ha perdido el concepto de la educación liberal. Nuestra mente es cada vez menos productiva; tenemos menos creatividad y capacidad de pensamiento analítico que en el pasado. Además, ahora nos interesa menos cultivar el corazón. Raramente nos hacemos preguntas sobre temas morales y raramente buscamos hacer un uso beneficioso de la creación a favor del bienestar de la comunidad que nos rodea.

Hoy en día, la transformación tecnológica está invadiendo el mundo. Ese cambio trae aparejadas nuevas exigencias en la educación, más pragmáticas y menos morales. Nos preocupa menos la verdad o la ética que subyace a las ideas. Nos interesa tan solo la técnica. Lo único que nos preguntamos es: «¿Va a funcionar?».

En su artículo «Declaring Our Independence Through Education» [Declarando nuestra independencia por medio de la educación], Michael Roth, presidente de la Wesleyan University, nos llama a volver a la educación liberal para que los estudiantes puedan ser instruidos de un modo tal que tengan el corazón y la mente necesarios para vivir en el futuro.

Roth escribe que la educación moderna ha fracasado, en tanto que no ha logrado preparar a las personas para la vida después de la universidad, y comenta lo siguiente:

Tradicionalmente, el título universitario ha sido un hito que confería independencia, ya que los graduados se aferran a la oportunidad de pararse sobre sus propios pies; pero hoy en día, al recibir su diploma, los alumnos suelen verse asaltados por deudas y dudas. Cuando estos mismos graduados acaban de nuevo en el ático de sus padres, cuando descubren que no tienen idea de cómo entrar en un mercado laboral competitivo o de cómo convertir la experiencia del aula en acción en el mundo, se constituyen en ejemplos del fracaso de la promesa americana de que la educación nos hará libres y autosuficientes. Nosotros, los profesores de la educación superior, debemos renovar esa promesa demostrando que una educación liberal pragmática provee a los alumnos más independencia y una mayor capacidad de trabajar y ser productivos mucho más allá del día de su graduación.

Roth prosigue refiriéndose a los pensamientos de dos de los padres fundadores de su nación, Estados Unidos, empezando por Thomas Jefferson.

Difícilmente encontremos un personaje de la historia estadounidense más dedicado a una educación vasta y liberal que el autor de nuestra Declaración de Independencia, Thomas Jefferson. Él sostenía que el bienestar de la república depende de la educación de sus ciudadanos, dado que únicamente una ciudadanía educada puede oponer resistencia ante la tiranía de los poderosos.

Luego leemos sobre John Adams, uno de los firmantes de la Declaración de Independencia de Estados Unidos y más adelante presidente de la nación. Roth lo cita en relación con la necesidad de que toda comunidad asuma la responsabilidad de velar por la educación de toda la población: «El pueblo entero debe responsabilizarse por la educación de todo el pueblo y debe estar dispuesto a asumir los costos de esta tarea». No obstante, en nuestro mundo actual de especialistas y orientaciones técnicas, los padres exigen que sus hijos reciban un tipo de educación distinto que Roth explica a continuación, advirtiendo a su vez sobre las consecuencias involuntarias pero predecibles de cumplir esas expectativas.

En el entorno de una economía volátil y de cambios rápidos, es entendible que algunos padres y críticos pidan un aprendizaje simplificado para entrenar rápido a las personas. Sin embargo, orientar la educación únicamente a adaptarse a las circunstancias económicas actuales es un pasaje de ida hacia la conformidad, pero también hacia la mediocridad cultural y económica. Necesitamos una formación intelectual transversal para la totalidad de la persona, no nanotítulos en códigos y estrategias comerciales (sin importar lo digitales que sean) que de seguro pronto se volverán obsoletos.

Por desgracia, las demandas a las que se ve sometida la educación —que la formación universitaria sea más eficiente y práctica— probablemente nos conduzcan al polo opuesto: hombres y mujeres entrenados para los problemas del ayer y los trabajos del pasado, hombres y mujeres que no han reflexionado sobre sus propias vidas de formas que les permitan hacer un buen uso de su capacidad de innovar y comprender el sentido de sus experiencias. Estamos dando oídos a propuestas que, bajo una apariencia de practicidad, en realidad nos llaman a la conformidad y a un pensamiento convencional que empobrecerá nuestra vida económica, cultural y personal.

Si desea leer el reflexivo artículo de Roth, diríjase a este enlace (disponible en inglés).

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