¿Cómo prosperan pueblos y naciones?

¿Por qué hay pueblos y naciones que son ricos y otros que son pobres? ¿Cuál es la fuente de sus riquezas?

La mayoría de las personas creen en la idea de que las riquezas «vienen» del suelo. Si ese fuera el caso, la República Democrática del Congo sería increíblemente rica y Singapur estaría sumido en la pobreza, cuando lo que sucede es todo lo contrario. ¿Cómo puede ser que el pueblo de una de las naciones que poseen más riquezas naturales en todo el mundo sea tan pobre? ¿Cómo es posible que un país que prácticamente no tiene recursos naturales sea tan próspero?

La respuesta es que las riquezas no vienen del suelo. ¡Las riquezas vienen de la mente! Son producto de la imaginación y la creatividad humana. Las naciones que han descubierto el principio de la generación de riquezas han logrado liberar a sus ciudadanos para que sean emprendedores, visualicen una vida distinta, sueñen sus propios sueños y asuman riesgos para alcanzarlos.

George Gilder es un economista y escritor estadounidense, defensor de la innovación tecnológica y miembro fundador del Center on Wealth, Poverty, and Morality (centro de riqueza, pobreza y ética) de Discovery Institute. Su libro Riqueza y pobreza, un éxito de ventas de 1981, promueve un argumento práctico y ético a favor de la creación de las riquezas por parte de un pueblo libre que trabaja en mercados libres. Él ha liderado un cambio de paradigma desde la convicción materialista al paradigma judeocristiano. La convicción materialista afirma que los recursos se hallan en el suelo y son limitados. El paradigma judeocristiano reconoce que la riqueza nace en la mente y adopta distintas formas a través del descubrimiento, la innovación y la creatividad del ser humano. Para sacar a las personas de la pobreza, el capital moral y metafísico es más importante que el capital físico.

En un discurso reciente, Gilder contó un relato:

Hace poco, un profesor del MIT llamado César Hidalgo dio un buen ejemplo que los ayudará a entender este concepto. Cuando un auto costoso choca contra una pared, todo su valor se desvanece, pero cada molécula y átomo del auto sigue ahí. El valor es la información, el auto es el conocimiento. Puedo probarles que toda riqueza en esencia es conocimiento.

Los materiales básicos —acero, aluminio, neumáticos y petróleo— no hacen que el auto sea un auto. Lo que lo hace un auto es el intercambio de la mente humana con la materia prima, la mente que ordenó los materiales con un propósito y les dio el valor que tienen. La clave para que el ser humano prospere reside en la mente y el corazón más que en el suelo. Gilder continúa diciendo:

Creo que, si la riqueza es conocimiento, entonces el crecimiento es aprendizaje. Ahora bien, el aprendizaje está determinado por ciertas reglas. Es un proceso esencialmente experimental. Si los resultados están garantizados, el aprendizaje está básicamente prohibido.

La riqueza es un producto derivado del conocimiento. Crecer en riquezas es crecer en conocimiento. Parte de lo que eso significa es que necesitamos escuelas que enseñen a las personas a pensar, analizar, ser críticas y hacer preguntas. Los sistemas educativos que tratan al ser humano como un robot, que enseñan «para el examen» u obligan al alumno a «aprender de memoria» no capacitan bien a las personas ni les enseñan a ser trabajadores del conocimiento. Necesitamos alentar a las personas a ser pensadores libres, a hacer preguntas, a tener una mente abierta y a asumir riesgos.

Sí, asumir riesgos, aunque los riesgos puedan significar pérdidas y fracasos. Gilder explica este concepto de la siguiente forma:

La razón por la que el capitalismo es un motor tan grande del aprendizaje y, por ende, del crecimiento económico, es que todo plan de negocios puede fallar; la bancarrota es una posibilidad. Por el contrario, si el gobierno garantiza todas las cosas emitiendo dinero cada vez que una empresa está en peligro de caer en el fraude o la bancarrota, aprender está prohibido. Así, la mismísima política que el gobierno adopta para garantizar el crecimiento, de forma intrínseca, frustra el crecimiento al frenar el proceso de aprendizaje, es decir, al falsear el proceso de aprendizaje.

Los gobiernos pueden crear un entorno de libertad —tanto política como económica— donde las personas aprendan y crezcan, o bien pueden crear un entorno donde la dignidad humana, la innovación y la creatividad se vean sofocadas. Un sistema hace que el ser humano florezca; el otro, que languidezca.

Venezuela es un ejemplo del segundo caso. Es una nación rica en recursos, incluso petróleo, pero está en decadencia debido a que está sometida a un sistema tiránico.

La Reforma y su corolario, «la ética protestante», encendieron la llama de una revolución que dio origen a la educación universal y la unificación del campo del conocimiento (vea ENCYCLOPEDIA: Whole Education for a Whole Life [Enciclopedia: educación integral para una vida íntegra] [en inglés]). Eso a su vez condujo a una nueva enculturación y al surgimiento de valores que sacaron a naciones enteras de la pobreza.

Gilder afirma que la riqueza es inherente al conocimiento; la riqueza es inmaterial antes de ser material. Sin embargo, yo argumentaría que hay algo más poderoso que el conocimiento para alcanzar el crecimiento humano.

La Biblia distingue entre el conocimiento, el entendimiento y la sabiduría, y asigna una posición jerárquica a cada una de esas operaciones noéticas.

El conocimiento trata de los hechos y los datos. Usa los sentidos para percibir lo que existe y es real. Responde a la pregunta: «¿Qué se puede afirmar a partir de esta información?».

El entendimiento trata del sentido. La mente entra en juego para preguntarse: «¿Qué significa esta información?». Así encuentra el sentido de la información y establece importancia o prioridades a partir de los hechos.

La sabiduría involucra a la voluntad. Es la aplicación moral de la verdad y consiste en preguntarse: «¿Cómo puedo aplicar lo que sé y lo que entiendo?». En este punto es donde integramos nuestro conocimiento y entendimiento en un marco moral.

La sabiduría es suprema. Es el punto de intersección que permite que nuestro conocimiento y entendimiento alcen vuelo. Sin sabiduría, no tenemos más que información.

Las personas acostumbran usar lo que saben y entienden aislado de un marco moral. Esta práctica conduce a la destrucción de individuos, familias y naciones. La palabra «sabiduría» raramente se utiliza en el mundo moderno, ya que la modernidad es un sistema ateo que carece de un marco moral. Estamos enamorados de la información. Tenemos tecnologías que nos invaden de información. Sin embargo, rara vez nos detenemos a preguntarnos: ¿Eso qué significa? ¿Cómo podemos aplicar esa información en pos del crecimiento humano?

El siguiente gráfico nos ayuda a entender lo que yo llamo «el triángulo epistemológico».

Los trabajadores de tecnología de la información tienden a concentrarse en los bits y los bytes, es decir, los datos. El consumidor promedio de la información lidia con datos y conocimiento. Sin embargo, contar con más datos o más información no nos ayudará a crecer. Necesitamos entendimiento (extraer el sentido del conocimiento) y sabiduría (aplicar el conocimiento a nuestra moralidad práctica).

Hoy en día, estamos atrapados en nuestros dispositivos y aplicaciones. Recibimos montones de información por Facebook, Twitter y Snapchat. El ancho de banda que nos ofrece la tecnología sigue dándonos más y más datos y abundante información. Por el contrario, el ancho de banda de nuestra vida, nuestra capacidad de entender, se está reduciendo cada vez más. Sabemos más y más sobre cada vez menos.

Como dijo Gilder, la clave del crecimiento humano es el conocimiento, pero por sobre el conocimiento está el entendimiento y, en la cima, por sobre el entendimiento, está la sabiduría. No nos conformemos con ser trabajadores de la información. Trabajemos desde la sabiduría.

 

 

 

 

 

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