¿Cómo prosperan pueblos y naciones?

¿Por qué hay pueblos y naciones que son ricos y otros que son pobres? ¿Cuál es la fuente de sus riquezas?

La mayoría de las personas creen en la idea de que las riquezas «vienen» del suelo. Si ese fuera el caso, la República Democrática del Congo sería increíblemente rica y Singapur estaría sumido en la pobreza, cuando lo que sucede es todo lo contrario. ¿Cómo puede ser que el pueblo de una de las naciones que poseen más riquezas naturales en todo el mundo sea tan pobre? ¿Cómo es posible que un país que prácticamente no tiene recursos naturales sea tan próspero?

La respuesta es que las riquezas no vienen del suelo. ¡Las riquezas vienen de la mente! Son producto de la imaginación y la creatividad humana. Las naciones que han descubierto el principio de la generación de riquezas han logrado liberar a sus ciudadanos para que sean emprendedores, visualicen una vida distinta, sueñen sus propios sueños y asuman riesgos para alcanzarlos.

George Gilder es un economista y escritor estadounidense, defensor de la innovación tecnológica y miembro fundador del Center on Wealth, Poverty, and Morality (centro de riqueza, pobreza y ética) de Discovery Institute. Su libro Riqueza y pobreza, un éxito de ventas de 1981, promueve un argumento práctico y ético a favor de la creación de las riquezas por parte de un pueblo libre que trabaja en mercados libres. Él ha liderado un cambio de paradigma desde la convicción materialista al paradigma judeocristiano. La convicción materialista afirma que los recursos se hallan en el suelo y son limitados. El paradigma judeocristiano reconoce que la riqueza nace en la mente y adopta distintas formas a través del descubrimiento, la innovación y la creatividad del ser humano. Para sacar a las personas de la pobreza, el capital moral y metafísico es más importante que el capital físico.

En un discurso reciente, Gilder contó un relato:

Hace poco, un profesor del MIT llamado César Hidalgo dio un buen ejemplo que los ayudará a entender este concepto. Cuando un auto costoso choca contra una pared, todo su valor se desvanece, pero cada molécula y átomo del auto sigue ahí. El valor es la información, el auto es el conocimiento. Puedo probarles que toda riqueza en esencia es conocimiento.

Los materiales básicos —acero, aluminio, neumáticos y petróleo— no hacen que el auto sea un auto. Lo que lo hace un auto es el intercambio de la mente humana con la materia prima, la mente que ordenó los materiales con un propósito y les dio el valor que tienen. La clave para que el ser humano prospere reside en la mente y el corazón más que en el suelo. Gilder continúa diciendo:

Creo que, si la riqueza es conocimiento, entonces el crecimiento es aprendizaje. Ahora bien, el aprendizaje está determinado por ciertas reglas. Es un proceso esencialmente experimental. Si los resultados están garantizados, el aprendizaje está básicamente prohibido.

La riqueza es un producto derivado del conocimiento. Crecer en riquezas es crecer en conocimiento. Parte de lo que eso significa es que necesitamos escuelas que enseñen a las personas a pensar, analizar, ser críticas y hacer preguntas. Los sistemas educativos que tratan al ser humano como un robot, que enseñan «para el examen» u obligan al alumno a «aprender de memoria» no capacitan bien a las personas ni les enseñan a ser trabajadores del conocimiento. Necesitamos alentar a las personas a ser pensadores libres, a hacer preguntas, a tener una mente abierta y a asumir riesgos.

Sí, asumir riesgos, aunque los riesgos puedan significar pérdidas y fracasos. Gilder explica este concepto de la siguiente forma:

La razón por la que el capitalismo es un motor tan grande del aprendizaje y, por ende, del crecimiento económico, es que todo plan de negocios puede fallar; la bancarrota es una posibilidad. Por el contrario, si el gobierno garantiza todas las cosas emitiendo dinero cada vez que una empresa está en peligro de caer en el fraude o la bancarrota, aprender está prohibido. Así, la mismísima política que el gobierno adopta para garantizar el crecimiento, de forma intrínseca, frustra el crecimiento al frenar el proceso de aprendizaje, es decir, al falsear el proceso de aprendizaje.

Los gobiernos pueden crear un entorno de libertad —tanto política como económica— donde las personas aprendan y crezcan, o bien pueden crear un entorno donde la dignidad humana, la innovación y la creatividad se vean sofocadas. Un sistema hace que el ser humano florezca; el otro, que languidezca.

Venezuela es un ejemplo del segundo caso. Es una nación rica en recursos, incluso petróleo, pero está en decadencia debido a que está sometida a un sistema tiránico.

La Reforma y su corolario, «la ética protestante», encendieron la llama de una revolución que dio origen a la educación universal y la unificación del campo del conocimiento (vea ENCYCLOPEDIA: Whole Education for a Whole Life [Enciclopedia: educación integral para una vida íntegra] [en inglés]). Eso a su vez condujo a una nueva enculturación y al surgimiento de valores que sacaron a naciones enteras de la pobreza.

Gilder afirma que la riqueza es inherente al conocimiento; la riqueza es inmaterial antes de ser material. Sin embargo, yo argumentaría que hay algo más poderoso que el conocimiento para alcanzar el crecimiento humano.

La Biblia distingue entre el conocimiento, el entendimiento y la sabiduría, y asigna una posición jerárquica a cada una de esas operaciones noéticas.

El conocimiento trata de los hechos y los datos. Usa los sentidos para percibir lo que existe y es real. Responde a la pregunta: «¿Qué se puede afirmar a partir de esta información?».

El entendimiento trata del sentido. La mente entra en juego para preguntarse: «¿Qué significa esta información?». Así encuentra el sentido de la información y establece importancia o prioridades a partir de los hechos.

La sabiduría involucra a la voluntad. Es la aplicación moral de la verdad y consiste en preguntarse: «¿Cómo puedo aplicar lo que sé y lo que entiendo?». En este punto es donde integramos nuestro conocimiento y entendimiento en un marco moral.

La sabiduría es suprema. Es el punto de intersección que permite que nuestro conocimiento y entendimiento alcen vuelo. Sin sabiduría, no tenemos más que información.

Las personas acostumbran usar lo que saben y entienden aislado de un marco moral. Esta práctica conduce a la destrucción de individuos, familias y naciones. La palabra «sabiduría» raramente se utiliza en el mundo moderno, ya que la modernidad es un sistema ateo que carece de un marco moral. Estamos enamorados de la información. Tenemos tecnologías que nos invaden de información. Sin embargo, rara vez nos detenemos a preguntarnos: ¿Eso qué significa? ¿Cómo podemos aplicar esa información en pos del crecimiento humano?

El siguiente gráfico nos ayuda a entender lo que yo llamo «el triángulo epistemológico».

Los trabajadores de tecnología de la información tienden a concentrarse en los bits y los bytes, es decir, los datos. El consumidor promedio de la información lidia con datos y conocimiento. Sin embargo, contar con más datos o más información no nos ayudará a crecer. Necesitamos entendimiento (extraer el sentido del conocimiento) y sabiduría (aplicar el conocimiento a nuestra moralidad práctica).

Hoy en día, estamos atrapados en nuestros dispositivos y aplicaciones. Recibimos montones de información por Facebook, Twitter y Snapchat. El ancho de banda que nos ofrece la tecnología sigue dándonos más y más datos y abundante información. Por el contrario, el ancho de banda de nuestra vida, nuestra capacidad de entender, se está reduciendo cada vez más. Sabemos más y más sobre cada vez menos.

Como dijo Gilder, la clave del crecimiento humano es el conocimiento, pero por sobre el conocimiento está el entendimiento y, en la cima, por sobre el entendimiento, está la sabiduría. No nos conformemos con ser trabajadores de la información. Trabajemos desde la sabiduría.

 

 

 

 

 

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El llamado de los baladistas

Estamos siendo testigos del lento ocaso de la civilización occidental e incluso de naciones enteras de Europa y Norteamérica. Los marxistas culturales y sus seguidores, los relativistas de la moral y la cultura, celebran esta deconstrucción de la cultura y la sociedad de Occidente. Otros lamentan la pérdida del orden que dio gloria a su civilización y a las tierras de libertad y oportunidades, aquel orden que creó grandes naciones y, en el caso de Estados Unidos, una gran nación de inmigrantes.

Quienes están de luto deberían cobrar ánimos: podemos hacer algo para cambiar el curso de la historia; podemos resurgir y generar una reforma. Para lograrlo, entre otras cosas, necesitamos una nueva generación de baladistas. Necesitamos juglares, trovadores, artistas itinerantes que vayan de un lugar a otro contando historias, recitando poemas y cantando de grandes hazañas y pueblos heroicos.

La cultura nada a contracorriente de la economía, la política y la sociedad. ¿Quién define la cultura más que ninguna otra persona? El artista, que a consciencia crea cultura o la critica con su arte.

Podríamos llamarlos baladistas modernos y no son ni más ni menos que cantantes y cantautores, dramaturgos y cineastas, escritores y poetas, pintores y escultores, coreógrafos y compositores, arquitectos y diseñadores de moda. Estos artistas talentosos son las personas a quienes debemos convocar para generar un movimiento de baladistas modernos.

Cada movimiento histórico necesita su arte y música. El historiador británico Arnold Toynbee creía que las civilizaciones no tienen por qué morir cuando pueden resurgir a través de una minoría creativa. Esa minoría incluye a los baladistas, esos artistas que con su arte nos dejan un mensaje que vivifica y transforma la cultura.

En su libro Ruthless Trust [Confianza implacable], Brennan Manning escribe lo siguiente:

Traigan a los artistas, los místicos y los bufones. Su imaginación fértil vierte el vino fresco del evangelio en odres nuevos. Con su lenguaje renovado, su visión poética y sus sorprendentes símbolos, ellos expresan la inefable Palabra de Dios de formas artísticas, cargadas del poder de Dios, que cautivan nuestra mente y conmueven nuestro corazón con el fulgor de una llamarada.

Los reformadores baladistas

Martín Lutero y otros reformadores fueron ese tipo de baladistas. Él y sus pares, trabajando en el marco del monoteísmo judeocristiano, sacaron países de la pobreza, alfabetizaron a las masas y abrieron la puerta hacia el mundo moderno. Lutero entendió que todo movimiento necesitaba su propia música. Algunos lo han llamado «el padre de la canción de protesta», que fue una forma de transmitir las verdades teológicas a las masas. Él escribió: «Al embellecer y ornamentar sus melodías de forma magnífica, los cantantes pueden conducir a los demás hacia una danza celestial».

Lutero y sus seguidores se regocijaron en el canto comunitario junto al hombre común y en su lengua materna, que en el caso de Lutero fue el alemán. En aquel entonces, el 85 % de los alemanes eran analfabetos, pero desde que Lutero convirtió en verso y música las verdades bíblicas, las personas pudieron aprender sus canciones y así ser instruidas hasta cierto punto.

En su libro The Balladeers of the Reformation [Los baladistas de la Reforma], Andrea Valentino escribe sobre la influencia de Lutero:

Si la música de Lutero fue reconfortante para sus seguidores, sus himnos también atrajeron nuevos conversos. Una música nueva resonaba de pueblo en pueblo antes de que las autoridades católicas pudieran acallarla y detener su avance. Al igual que con otros aspectos de la Reforma, la imprenta fue un elemento clave: los himnos de Lutero se esparcieron en panfletos tan pronto como él los publicó y los cantores itinerantes se encargaron de enseñarlos a ciudades enteras. En ocasiones, los himnos de Lutero tuvieron un efecto tan inmediato que excedieron sus tiempos de trabajo. De hecho, en Mackburg, el canto masivo de sus himnos convirtió al pueblo entero meses antes de que Lutero llegara a la localidad.

Más adelante en la historia encontramos a John y Charles Wesley, y los avivamientos de Inglaterra. Se dice que Charles Wesley, en toda su vida, compuso entre 6000 y 9000 himnos, es decir, alrededor de diez versos por día… ¡por 50 años! Juntos, los hermanos Wesley publicaron 56 colecciones de himnos en un período de 53 años. Algunos de sus himnos son clásicos que se siguen cantando hoy en día.  

Como Lutero antes que ellos, los Wesley lograron con su música cautivar la imaginación de las masas iliteratas y así trajeron vida nueva y un orden nuevo a la sociedad inglesa. Entre los herederos de los avivamientos wesleyanos se encuentran William Carey, el padre de las misiones modernas, y Arthur Guinness, el fundador de la cervecería Guinness. Guinness fue uno de los mayores reformadores sociales de la Irlanda católica y, al mismo tiempo, su compañía produjo una de las cervezas más emblemáticas del mundo.

Los baladistas promovieron la abolición de la esclavitud

Un tercer heredero del legado de los hermanos Wesley fue William Wilberforce, un miembro del Parlamento británico que también integró la secta de Clapham, un grupo de cristianos que lucharon por la reforma de Inglaterra y el fin del comercio de esclavos.

Muchos baladistas se unieron al movimiento por la emancipación de los esclavos. Josiah Wedgwood, un alfarero y empresario inglés, fundó la compañía Wedgwood, que produjo algunas de las mejores obras en cerámica de todo el mundo. Él también se unió al movimiento por la emancipación bajo el liderazgo de Wilberforce y Clarkson y, en 1787, diseñó un medallón con un mensaje abolicionista, con el que se adornaron sombreros, panfletos, platos y placas decorativas. La leyenda de este medallón decía: «¿No soy hombre y hermano?».

La creciente clase media y los ricos de Inglaterra se volvieron cada vez más conscientes de los males de la esclavitud gracias a estos medallones. Muchos de ellos se hicieron defensores de emancipación. Hoy en día vestimos prendas que promueven todo tipo de mensajes de protesta. Los medallones de Wedgwood fueron las camisetas de protesta de aquel entonces. Hacia el año 1791, miles de esos medallones estaban expuestos ante el ojo público y cambiaron la opinión pública sobre la esclavitud. Como señaló Clarkson en relación con la lucha de Wedgwood contra la esclavitud: «Él hizo que su propia manufactura contribuyera a la causa. La moda, que suele estar limitada a artículos sin valor, por una vez cumplió el honorable papel de promocionar la causa de la justicia, la humanidad y la libertad».  

Wedgwood fue un baladista que usó el arte de la alfarería para profetizar a una nación y colaborar para poner fin a la esclavitud en el imperio británico.

Del otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, otros baladistas estaban luchando para liberar a los esclavos. Entre ellos estaba Harriet Beecher Stowe, una autora estadounidense que cuenta con más de 30 títulos en su haber. Sus escritos fueron reformadores y abolicionistas. En su libro La cabaña del tío Tom, publicado en 1852, habló en términos proféticos a la consciencia de la nación sobre la esclavitud. La novela se adaptó para convertirse en obra de teatro. Juntos, el libro y la obra alcanzaron a millones de personas con el mensaje abolicionista. Al igual que Wedgwood en Inglaterra, Stowe hizo un enorme aporte a la emancipación de los esclavos en Estados Unidos.

Jarius Lincoln, autor y compositor de canciones, publicó un libro de canciones titulado Anti-Slavery Melodies for the Friends of Freedom [Melodías contra la esclavitud para los amigos de la libertad], que constaba de 57 canciones e himnos. El libro se usó en encuentros y manifestaciones abolicionistas para lograr que las personas cantaran mensajes que los conmovieran y cambiaran su mentalidad. Una de las composiciones más famosas de esta obra fue el himno 17, una parodia abolicionista de «My Country Tis of Thee» [Mi país, es sobre ti]:

Mi país, es sobre ti;

bastión de la esclavitud,

canto sobre ti:

Tierra donde mis padres murieron

y el pueblo se burla de los derechos del hombre.

Desde cada ladera de la montaña,

tus obras resonarán.

Mi país nativo,

donde todos los hombres nacen libres,

en tanto sea blanca su piel.

Amo tus montes y valles,

tus rocas y colinas templadas,

pero odio tu venta de esclavos,

el más infame de tus pecados.

En tiempos modernos, Pete Seeger fue un baladista clásico. Inspiró el movimiento obrero, el movimiento a favor de la paz, el movimiento de los derechos civiles y otros reclamos sociales por medio de su música y sus letras.

Seeger (quien, a diferencia de los ejemplos anteriores, no fue un cristiano profeso) tenía dos presuposiciones básicas: 1) la música tiene el poder de transformar la sociedad; y 2) el individuo es trascendente y tiene el poder de impulsar un cambio. Él enseñó a toda una generación el poder de la música para denunciar la injusticia. Su obra no fue mero entretenimiento para enormes multitudes. Seeger no solo cantó, sino que atrajo a las personas a sus conciertos para que cantaran sus canciones de lucha en contra de la injusticia. Por medio de su música, las personas cantaron, se involucraron y difundieron el mensaje.   

Una de las canciones favoritas del movimiento de los derechos civiles fue «We Shall Overcome Someday» (Un día venceremos). Pueden ver en YouTube a Pete Seeger guiando a una multitud a cantar esa canción.

Se buscan baladistas

En otros tiempos, Stowe, Lincoln y Seeger usaron su arte para moldear la cultura, pero ¿qué pasa en el presente? ¿Dónde están los cristianos hoy en día? Algunos están sirviendo en la adoración, otros en el evangelismo, y eso es bueno. Necesitamos música y arte en la vida de la iglesia y la proclamación del evangelio fuera de la iglesia. Sin embargo, gran parte de los artistas cristianos tan solo están entreteniendo a la iglesia.

Por otro lado, algunos artistas cristianos hacen arte para honrar al Creador, el mayor de los artistas, y reflejar la naturaleza de Dios en sus obras. Están plasmando la creación primaria, su belleza y su desolación después de la caída. Si el objetivo es crear arte para el Creador, lo que ellos hacen es suficiente.

Ahora bien, ¿dónde están esos baladistas cristianos excepcionales, llamados a usar su música y arte como un mensaje profético para su cultura, llamados a crear una cultura que refleje el reino de Dios y a levantar a las naciones con su obra artística? Nuestras sociedades necesitan desesperadamente que esos baladistas cristianos den un paso al frente, asuman su papel y hagan una contribución por el bien del mundo.

¿Quiénes son los baladistas cristianos? ¿Cómo es su obra?

En primer lugar, tienen un llamado a las artes y, a la par, un llamado secundario a usar su arte para profetizar a la cultura.

En segundo lugar, buscan la excelencia en su oficio. ¿Qué se necesita para alcanzar la excelencia? En su libro Fuera de serie, el autor Malcolm Gladwell dice que dominar un arte o una destreza lleva alrededor de 10 000 horas de práctica. ¿Dónde están los artistas cristianos que aman a Dios y tienen tanta gratitud por el don que él les dio que están dispuestos a invertir el tiempo necesario para perfeccionar sus habilidades y alcanzar la excelencia en su llamado?

En tercer lugar, tienen amor por el Señor y una visión para el avance de su reino.

En cuarto lugar, están comprometidos con el estudio de la Palabra de Dios. Entienden la cosmovisión bíblica y buscan desenvolverse de forma consciente dentro del marco de la cosmovisión de los judíos y los cristianos. Aman la verdad, la belleza y la bondad, la cultura del reino, e introducen esa cultura en la sociedad, llevando a la práctica lo que dice el Padrenuestro: «Venga tu reino. Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo».

Necesitamos artistas cristianos que escriban las obras de teatro, los poemas, las canciones, los libros y los guiones de cine de un gran movimiento de protesta, una nueva reforma. No necesitamos más cristianos agradables; necesitamos más cristianos temerarios. Como bien dice mi amigo Tish Shelton: «Parece que hay algo que está faltando en nuestras iglesias hoy en día. Hemos hecho un muy buen trabajo discipulando cristianos agradables, pero no hemos formado cristianos temerarios, llenos de coraje y listos para asumir riesgos».

Estos baladistas cristianos son los que lidiarán con temas urgentes como la dignidad de toda vida humana. Ellos fomentarán valores como la familia, el matrimonio y las relaciones binarias.

Ellos cantarán y pintarán y escribirán sobre la belleza de la sexualidad humana, la justicia, la creatividad del hombre y el espíritu emprendedor. Ellos hablarán y cantarán sobre una ecología moral para la economía y la creación, sobre la mayordomía de la tierra.

Ellos dirán la verdad, y hablarán de la necesidad de la verdad, en los medios, las universidades y la ciencia.

Si quien me lee es un artista, ¿estás dispuesto a ser un baladista que profetice a la cultura?

¿Estás dispuesto a unirte a un movimiento para traer renovación y, en efecto, reforma, al mundo occidental?

Todo movimiento necesita artistas que transmitan el mensaje por medio de sus canciones, sus obras de teatro y sus esculturas. ¿Estás dispuesto?

Te aliento a poner corazón y talento en tu obra para ayudar a discipular las naciones con tu trabajo en las artes.

Por Darrow Miller

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No Hay Arte Sin Estructura

Francis Schaeffer escribió un libro titulado The God Who is There [El Dios que está aquí], que me introdujo en la encrucijada entre el cristianismo y el arte. En él, Schaeffer habla de la influencia del arte en la sociedad occidental, tema que elaboró más a fondo en un libro posterior, Art and the Bible [El arte y la Biblia], donde dice:

¿Qué lugar ocupa el arte en la vida cristiana? ¿Será que las artes —en especial las bellas artes— no son más que una forma de hacer pasar la mundanalidad por debajo de la mesa? ¿Qué diremos de la escultura, el teatro, la música o la pintura? ¿Tienen lugar en la vida cristiana? El creyente ¿no debería más bien poner la mira únicamente en «las cosas religiosas» y olvidarse por completo del arte y la cultura? […] Me temo que, como evangélicos, pensamos que una obra de arte sólo tiene valor si la reducimos a un tratado teológico.

Schaeffer insiste en que los cristianos tienen el derecho legítimo a desenvolverse en el mundo de las bellas artes. Es parte de lo que significa ser un humano hecho a la imagen de Dios. El arte humano fluye a partir del mandato cultural que el hombre recibe en Génesis 1 y 2. De hecho, si el arte no viene de Dios, ¿de quién proviene?
Darrow ha publicado muchos artículos sobre este tema en su blog (puede consultarlos al final de este artículo). Su próximo libro sobre la sabiduría incluye una interesante cita de un artículo de la autora y columnista Janie B. Cheaney (en inglés).

El antiguo (y quizás mítico) filósofo Pitágoras descubrió que, si dividía la longitud de una cuerda de lira a la mitad, el sonido resultante era una octava, mientras que tres cuartos de esa cuerda daban el sonido de una cuarta y con los dos tercios obtenía una quinta perfecta o justa. Estas proporciones matemáticas generaban una progresión musical agradable y conocida en el mundo entero. Basándose en esta estructura externa, la música occidental estableció principios de armonía y melodía que siguieron vigentes hasta principios del siglo XX. ¿Qué sucedió después?

El compositor contemporáneo John Adams lo explicó de la siguiente manera: «En la universidad aprendí que la tonalidad musical murió en algún momento cerca del tiempo en que también murió el Dios de Nietzsche, y yo lo creí». Sin Dios, no hay orden. La estructura musical colapsó y eso allanó el camino para Arnold Schoenberg, quien compuso obras basadas en principios abstractos de numerología. Desde ese entonces, era cuestión de dar un paso o dos para llegar a John Cage, que utilizó procesos de azar para elegir las notas de sus composiciones e interpretó «sinfonías» con instrumentos de cocina. No todos los compositores de vanguardia abandonaron la tonalidad, pero las expresiones que se distanciaron de la estructura definitoria de la música dejaron de ser algo que podamos identificar como música [énfasis mío].

Supongo que muchas escuelas de música desestimarían la crítica de Cheaney, si no se burlaran de ella. Toda la vida se nos ha recordado que «la belleza está en el ojo del observador», una frase cuyo equivalente musical sería «la tonalidad está en el oído del oyente». Cheaney desafía esa noción. Sin duda, ella afirmaría que en nuestra apreciación de las artes entra en juego el gusto individual, pero también asevera que gran parte de las obras del arte moderno equivalen a un abandono de «la estructura definitoria» en la que siempre ha estado enmarcada la creatividad artística.

Desde luego, sugerir que existe alguna estructura trascendente en la creación del arte sería anatema para algunos, pero solo debido al rechazo concomitante del orden divino (vea Romanos 1:20-21). Esa estructura invisible constituye el marco necesario para que el arte cumpla su efecto placentero. Quiten esa estructura y lo que sea que quede poco se asemejará al arte, ya sea visual o auditivo.

Ahora bien, ¿por qué son tantas las expresiones del arte moderno que sienten la necesidad de apartarse de la estructura? Quizás la razón sea que, en la medida en que la cosmovisión del artista está guiada por el ateísmo y el evolucionismo, deja de haber lugar para el orden. La noción misma de un universo estructurado discrepa de la arbitrariedad necesaria para sostener una visión materialista de la realidad. No hay duda de que hay artistas que profesan ser ateos y aun así crean arte placentero, es decir, arte basado en una «estructura definitoria». Así, rechazan la cosmovisión del ateísmo y toman prestados elementos de la cosmovisión judeocristiana. En ese sentido, la «música» de John Cage representa un enfoque composicional que se condice más con el credo ateo: ¿de qué clase de lógica podría valerse un verdadero ateo para crear algo más que sonidos al azar?

Sí, los artistas crean. Aplican la imaginación al mundo y a su trabajo, y el resultado es algo nunca antes visto por la humanidad: una obra musical, una pintura, una película, una historia o una escultura. Si esa imaginación se corresponde con la realidad de un universo ordenado, la obra puede alcanzar la belleza. Por el contrario, los John Cage, más fieles a la doctrina subyacente de la arbitrariedad, deben tomar alguna dirección «nueva» (puesto que crear significa hacer algo nuevo) bajo la norma de «romper las reglas». El caos consecuente —las pinceladas y los trazos incoherentes, los sonidos erráticos— dejan a la audiencia vacía y no logran hacer justicia a la naturaleza del mismo artista: su propia imago Dei.

El autor J. R. R. Tolkien, en su espléndido ensayo «Árbol y hoja», expone con eficacia esta tendencia del arte contemporáneo, mientras compone uno de los ejemplos más elegantes de prosa inglesa. Todo artista que esté esforzándose por crear se beneficiará de leer estas palabras.

ArteCiertamente, la primavera no pierde su hermosura porque hayamos visto u oído hablar de fenómenos parecidos: pueden ser parecidos, pero nunca son los mismos desde que el mundo es mundo. Cada hoja, sea de roble, fresno o espino, es una encarnación única del modelo y, para algunas de ellas, este puede ser el año de su encarnación, la primera vez que se las vea y reconozca, aunque los robles hayan dado hojas durante incontables generaciones humanas.

No debemos ni necesitamos dejar de dibujar solo porque todas las líneas tienen que ser inevitablemente rectas o curvas, ni debemos dejar de pintar porque hay solo tres colores primarios. Puede que sí seamos más viejos ahora, en tanto que somos herederos del disfrute y la práctica de muchas generaciones que nos precedieron en las artes. Tal vez en la riqueza de este legado se halle el peligro del aburrimiento o la ansiedad de ser originales, y eso nos lleve a sentir un desagrado por los trazos armoniosos, los patrones delicados y los colores «hermosos»; o tal vez eso nos haga caer en la mera manipulación y elaboración excesiva, calculada y fría de las obras antiguas.

Sin embargo, el verdadero camino para escapar de esta apatía no está en lo voluntariamente extraño, rígido o deforme, ni en hacer todas las cosas oscuras o irremisiblemente violentas; tampoco está en la mezcolanza de colores para pasar desde la sutileza a la monotonía, ni en la complicación fantástica de las formas hasta rozar la estupidez y proseguir hasta el delirio. Antes de llegar a tales extremos necesitamos recuperarnos. Debemos volver a mirar el verde, y quedar maravillados de nuevo (pero no ciegos) ante el azul, el amarillo y el rojo. Deberíamos salir al encuentro de centauros y dragones y entonces, quizás, de pronto contemplaríamos, como los pastores de antaño, las ovejas, los perros, los caballos… y los lobos. [pág 58]

Los artistas cristianos tienen la oportunidad de contribuir a la belleza que vive en el orden de un universo creado por un Dios de orden. Como señala el padre Thomas Dubay, tal belleza es el marco de nuestro llamado y destino.

Tanto la ciencia como la teología concuerdan en la objetividad de la belleza. Si bien hay en nosotros una predisposición subjetiva, en mayor o menor medida, a percibir lo espléndido, ambas disciplinas insisten en que la belleza no está simplemente en el ojo del observador; fundamentalmente, es algo que «allí está». […] Por siglos, la revelación y la teología han enseñado la misma idea en términos religiosos, a saber, que el propósito de la creación se halla en el hombre, destinado a quedar eternamente cautivado por la gloria de la Trinidad [The Evidential Power of Beauty (La evidencia del poder de la belleza), págs. 16-17].

Por Gary Brumbelow

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Creador y Creación: el Lenguaje de la Génesis (parte 2)

El siguiente artículo es el segundo de los dos artículos que componen la serie «Creador y creación»:

  1. Creador y creación: el lenguaje de la génesis
  2. Creador y creación: el lenguaje de la génesis (parte 2)

Leamos a continuación la conclusión de la serie «Creador y creación: el lenguaje de la génesis», comenzando con el resto de la cita de El sobrino del mago, de C. S. Lewis:

Pronto hubo luz suficiente para que pudieran verse los rostros. El cochero y los dos niños estaban boquiabiertos y les brillaban los ojos; escuchaban embelesados el sonido y daba la impresión de que les recordaba algo. El tío Andrew también estaba boquiabierto, pero no de alegría; parecía más bien como si su barbilla se hubiera desencajado del resto de la cara. Tenía los hombros encorvados y le temblaban las rodillas; no le gustaba la voz, y si hubiese podido alejarse de ella introduciéndose en el interior de la madriguera de una rata, lo habría hecho. Por su parte, la bruja parecía comprender la música mucho mejor que ninguno de ellos. Tenía la boca cerrada y apretaba con fuerza labios y puños. Desde el mismo instante en que se inició la canción había percibido que todo aquel mundo estaba lleno de una magia distinta de la suya y más poderosa, y lo odiaba. Habría hecho pedazos todo el mundo, o todos los mundos, si con ello hubiera podido detener la canción. El caballo permanecía allí con las orejas bien erguidas al frente y en movimiento. De vez en cuando resoplaba y pateaba el suelo, y ya no parecía un viejo y cansado caballo de cabriolé; en aquellos momentos era fácil creer que su padre había participado en batallas.

CreadorPor el este, el cielo cambió de blanco a rosa y de rosa a dorado. La voz creció y creció, hasta que todo el aire se estremeció con ella, y justo cuando alcanzaba el sonido más potente y glorioso que había producido hasta el momento, el sol se alzó.

Digory no había contemplado jamás un sol como aquel. El sol que brillaba sobre las ruinas de Charn daba la impresión de ser más viejo que el nuestro: este parecía más joven. Uno podía imaginarlo riendo feliz mientras se alzaba. Y a medida que sus rayos recorrían la tierra, los viajeros vieron por primera vez en qué clase de lugar se encontraban. Era un valle por el que serpenteaba un río amplio y veloz, fluyendo hacia el este en dirección al sol. Al sur había montañas, al norte colinas más bajas. No obstante, era un valle de simple tierra, rocas y agua; no se veían árboles, ni arbustos, ni una brizna de hierba. La tierra tenía muchos colores: colores frescos, cálidos e intensos, que hacían que uno se sintiera emocionado… hasta que vieron al cantor, y entonces olvidaron todo lo demás.

Era un león. Enorme, peludo y radiante, se hallaba de cara al sol que acababa de alzarse. Cantaba con las fauces abiertas de par en par y se encontraba a unos trescientos metros de distancia.

Peter Kalkavage escribe un texto corto (en inglés), publicado en A Classical Conversation, que ahonda en la relación entre la música y la matemática.

En su libro Towards a Theology of Beauty [En busca de una teología de la belleza], el sacerdote jesuita John Navone describe cómo la belleza nos llama a contemplar la verdad: «La ‘gloria’ de Dios se da a conocer donde sea que la verdad, la bondad y la belleza de Dios nos atraen, llaman, transforman y deleitan. La belleza de Dios irradia la verdad y bondad de Dios y atrae a toda la creación hacia sí misma».

El mejor libro que he leído en la primera década del siglo XXI es The Evidential Power of Beauty [La evidencia del poder de la belleza], de Thomas Dubay. Dubay fue un cura marista amante de las artes. En este libro excepcional, él cita a físicos, astrónomos y matemáticos que reconocen que la belleza nos lleva hacia la verdad, y narra un fenómeno científico fascinante que revela la correlación entre la verdad y la belleza: cuando estos científicos, en medio de su investigación, empiezan a ver belleza, ya sea a través del microscopio, el telescopio o la pantalla de su computadora, saben que están cerca de alcanzar una verdad objetiva.

Por ejemplo, Dubay cita a Richard Feynman, el premio Nobel de Física conocido por su investigación sobre electrodinámica cuántica, quien dijo: «Es posible reconocer la verdad por su belleza y simplicidad». Hallamos un concepto similar en la frase de The New Story of Science [La nueva historia de la ciencia], el libro de Robert Augros y George Stanciu: «Todos los físicos más eminentes del siglo XX coinciden en que la belleza es el estándar primario de la verdad científica».

No todos los científicos que cita Dubay son teístas, pero todos reconocen la verdad cuando la ven. La Verdad, la Belleza y la Bondad no pueden separarse. Si desea leer más sobre este tema, encontrará más información en el sitio web de God and Science (en inglés).

Nuestra querida amiga Dr. Elizabeth Youmans lo explica de la siguiente manera en su artículo The Fine Arts and Literature [Las bellas artes y la literatura]:

En las naciones donde la Biblia ha sido una gran influencia sobre el lenguaje, la ley y la cultura, las bellas artes reflejan belleza, verdad y bondad moral. Cuando la Biblia no ha sido una influencia sobre ellas o ha sido arrancada del sementero de la lengua y la cultura, las bellas artes reflejan la corrupción y la decadencia de la belleza, la verdad y la bondad moral.

Si queremos saber más sobre este tema y comprender cómo hizo Dios que la creación existiera por medio de su palabra, será de mucha ayuda leer al matemático, filósofo y teólogo William A. Dembski, un cristiano instruido en múltiples disciplinas que logra introducir una perspectiva única en el estudio de la creación. Muchos científicos son cristianos dualistas o ateos; por ende, su pensamiento está «ensilado». Por el contrario, Dembski, libre tanto del dualismo como del naturalismo, puede hablar de la matemática como el lenguaje de la creación desde una mentalidad integral.

Lo primero que nos sorprende es cómo Dios crea: él habla y las cosas suceden, y es singularmente apropiado que así sea. Todo acto de creación concretiza una intención de un agente inteligente. En nuestra experiencia, las intenciones se concretizan de muchas maneras. Los escultores concretizan sus intenciones cincelando la roca; los músicos, escribiendo notas en papel pentagramado; los ingenieros, trazando planos; etcétera. Sin embargo, a fin de cuentas, toda concretización de una intención se realiza a través del lenguaje. Por ejemplo, una serie de instrucciones precisas expresadas en un lenguaje natural le dirán al escultor cómo modelar la estatua, al músico cómo registrar las notas y al ingeniero cómo dibujar los planos. De este modo, el lenguaje se convierte en el medio universal para concretizar intenciones.

Al tratar el lenguaje como el medio universal para concretizar intenciones, debemos tener cuidado de no concebirlo en un sentido estrictamente lingüístico (es decir, como una secuencia de símbolos manipulados mediante reglas gramaticales). El lenguaje que sale de la boca de Dios en el acto de la creación no obedece a una convención lingüística. Más bien, como lo explica el Evangelio de Juan, es el Logos divino, la Palabra (el Verbo) que en Cristo se hizo carne y por medio de la cual todas las cosas fueron creadas. El Logos divino subsiste por sí solo y no se ve coaccionado para crear. Para que esté activo en la creación, Dios debe pronunciarlo. Ese acto de habla siempre impone una autolimitación sobre el Logos divino. Podemos ver una clara analogía en el lenguaje humano. Así como todas las enunciaciones de nuestro idioma excluyen las afirmaciones que no se han enunciado, cada palabra divina que Dios pronuncia excluye las posibilidades que habría en las palabras del Logos divino pero que él no ha pronunciado. Además, así como no hay hablante humano que pueda agotar las palabras de nuestro idioma, cuando Dios crea emitiendo su palabra divina nunca agota el Logos divino.

Puede leer más sobre estos conceptos en el artículo de Dembski publicado en 1989, The Act of Creation [El acto de la creación] (disponible en inglés), y en su libro The End of Christianity [El fin del cristianismo], publicado en 2009.

No nos equivoquemos, el materialismo ateo de los modernos no tiene un fundamento absoluto para la Verdad, la Bondad y la Belleza. Para ellos, todo es relativo. Lo mismo sucede con la visión posmoderna de la adoración de la creación. Ninguno de esos paradigmas alternativos tiene fundamentos para la Verdad absoluta, la Bondad y la Belleza. Sus dioses son pequeños.

El universo existe porque hubo un Creador infinito y personal que lo concibió en su mente, que tuvo la voluntad de crearlo y que habló para hacerlo realidad.

Como cristianos, no debemos dejarnos intimidar por las alternativas. No son más que ilusiones débiles que no se condicen con la realidad. Rechacemos esas mentiras: venzámoslas con una vida de Verdad, Belleza y Bondad.

Por Darrow Miller

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Creador y Creación: el Lenguaje de la Génesis

El siguiente artículo es el primero de los dos artículos que componen la serie «Creador y creación»:

  1. Creador y creación: el lenguaje de la génesis
  2. Creador y creación: el lenguaje de la génesis (parte 2)

Durante años, siempre que he enseñado sobre la importancia de la cosmovisión para nuestra vida y para la creación de una cultura piadosa, he tocado brevemente el tema de cómo creó Dios el universo. De hecho, Génesis 1 revela que lo creó con su palabra. Dios habló para crear: «Y dijo Dios», en Génesis 1:3, 6, 9, 11, 14, 20, 24, 26; con palabras identificó lo que había creado: «llamó Dios» a las cosas y así les dio nombre, en Génesis 1:5, 8, 10; y dio su palabra para comisionar a los vicerrectores de su creación y darles el mandato cultural: «Y dijo Dios», en Génesis 1:28-29.

CreaciónEste tema está reflejado en Salmos 33:9: «Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió». El universo «fue hecho» por la palabra de Dios. Algo similar leemos en Hebreos 11:3: «Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía» (vea también Salmos 147: 15, 18; Salmos 148: 5-6 y 2 Pedro 3:5).

El Dios invisible creó el universo visible. Para el materialista, que no reconoce la existencia del mundo invisible, eso es imposible. Por definición, nada existe fuera de la naturaleza y ninguna cosa puede surgir de la nada. Sin embargo, el universo no surgió de la nada: fue concebido en la mente de Dios, planeado por su voluntad y hecho realidad por su palabra. Antes del universo, no existía «la nada»: existía un Dios personal e infinito. ¿Y quién es exactamente la Palabra, el Verbo que era en el principio y que hizo el universo? Nada menos que Cristo Jesús:

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. […] Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:1-4, 14)

En todo el mundo, parte del currículo de los estudios secundarios es la enseñanza de la ciencia darwiniana y el marco teórico ateo que da fundamento a la ciencia evolucionaria o naturalista. Por eso, cuando los cristianos dan testimonio de que Dios creó todo lo que existe con la palabra de su boca, los secularistas los desestiman y los tratan de locos. Esta es una gran pérdida. Los secularistas no dan oídos a los argumentos de la primera causa, a saber, que el Dios invisible creó el universo visible. De hecho, naciones enteras quedan reducidas a la pobreza y la esclavitud por abrazar los paradigmas moderno y posmoderno.

Esta introducción me lleva a plantear la siguiente pregunta: ¿qué lenguaje usó Dios para hablar y crear el universo? El lenguaje de la matemática. Físicos, químicos, astrónomos y ahora incluso biólogos han descubierto que el código del ADN es el lenguaje de los componentes básicos de los que están hechos los organismos vivos de nuestro mundo.

CreaciónNuestros amigos Nancy Pearcey y Charles Thaxton nos ayudan a entender estos conceptos en su excelente libro The Soul of Science [El alma de la ciencia], donde escriben: «El cristianismo ha sido una influencia decisiva en la historia de la matemática», puesto que determinó su rumbo con las creencias de que «el mundo tiene una estructura y un orden porque lo hizo Dios; y los seres humanos, dado que fueron hechos a imagen de Dios, pueden descifrar ese orden». El orden primario, el lenguaje de la creación, es la matemática.

Otros autores también han elaborado este concepto, como leemos en este artículo de Kate Deddens (en inglés).

A partir de las investigaciones sobre el ADN y el genoma, ahora entendemos y hemos comprobado empíricamente que la matemática es el lenguaje de la creación. A pesar de las endebles objeciones de la ciencia naturalista, no hay duda alguna de que existe un Criptógrafo divino. A la luz de la evidencia, son los ateos y los panteístas quienes necesitan tener más fe.

Hace unos cuantos años, me fascinó ver el trabajo de personas que intentaban hallar el vínculo entre el arte y la ciencia, y entre la matemática y la música. Leí dos libros sobre el tema que no lograban descubrir ese nexo entre la matemática y la música… porque partían desde el hombre y no desde Dios. En efecto, no podrían haber tenido éxito si carecían de una comprensión del carácter trinitario de la Verdad, la Bondad y la Belleza que se hallan en la Deidad. Dios es el primer Matemático y también es el primer Artista, y esas capacidades están reflejadas en los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios (imago Dei). La Biblia habla de la mente y el corazón. La neurología habla del hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho del cerebro. El hemisferio izquierdo gobierna el razonamiento objetivo y el pensamiento analítico, mientras que el hemisferio derecho es responsable de la intuición, es decir, de la reflexión subjetiva. En breve, tanto el lenguaje bíblico como el lenguaje neurológico reafirman: por un lado, la capacidad humana de pensar de forma analítica, como apreciamos en la matemática y la ciencia; por otro lado, la creatividad humana que vemos en la música y el arte.

S. Lewis describe cómo Dios, al momento de la creación, estableció un vínculo entre la matemática y la música, el arte y la ciencia. En su libro El sobrino del mago, Lewis dilucida cuál fue el medio por el que Dios creó el universo cuando Aslan, la figura de Cristo, crea el universo con su canto, una sinfonía en lenguaje matemático. Quienes hayan leído Las crónicas de Narnia entenderán por qué, cuando tenía unos veinticinco años y leí estas historias por primera vez, me dije: «¡No había vivido hasta ahora!».

En el siguiente extracto de la obra de Lewis vemos cómo el autor logra reelaborar el relato de la creación de Génesis 1 y plasmar con destreza el vínculo entre la matemática y la música.

En la oscuridad empezaba a suceder algo por fin. Una voz había comenzado a cantar. Sonaba muy distante y a Digory le costaba mucho decidir de qué dirección provenía. En ocasiones parecía provenir de todas a la vez; otras veces casi creía que surgía de la tierra bajo sus pies, pues las notas bajas eran lo bastante graves como para ser la voz de la tierra misma. No había palabras. Apenas si existía una melodía. Sin embargo, se trataba, sin comparación posible, del sonido más hermoso que había oído jamás. Resultaba tan hermoso que apenas podía soportarlo. Al caballo también parecía gustarle; emitió la clase de relincho que emitiría un caballo si, tras años de ser un caballo de tiro, se encontrara de vuelta en el campo donde había jugado cuando era un potro, y viera a alguien, que recordaba y quería, cruzando el terreno para darle un terrón de azúcar.

—¡Caray! —exclamó el cochero—. ¡Qué voz!

En ese momento ocurrieron dos prodigios al mismo tiempo. Uno fue que a la voz se le unieron de repente otras voces; tantas que era imposible contarlas. Estaban en armonía con ella, pero situadas en un punto mucho más alto de la escala: voces frías, tintineantes y brillantes. El segundo prodigio fue que la oscuridad sobre sus cabezas se llenó, de improviso, de fulgurantes estrellas. Estas no surgieron suavemente de una en una, como sucede en una tarde de verano, sino que, de una total oscuridad, se pasó a miles y miles de puntos de luz que se materializaron todos a la vez: estrellas individuales, constelaciones y planetas, más brillantes y grandes que los de nuestro mundo. No había nubes. Las nuevas estrellas y las nuevas voces nacieron justo al mismo tiempo, y si las hubieses visto y escuchado, como lo hizo Digory, te habrías sentido muy seguro de que eran las mismas estrellas las que cantaban, y de que fue la primera voz, la voz profunda, la que las había hecho aparecer y cantar.

—¡Esto es la gloria! —exclamó el cochero—. ¡Me habría portado mejor de haber sabido que existían cosas así!

(Continuará…)

 

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El Arrepentimiento, una Virtud Cotidiana para Todos

 

En nuestra consideración de 7 virtudes fundamentales para el desarrollo social y moral, hoy desarrollaremos el concepto de arrepentimiento.

Cuando escuchamos la palabra “arrepentimiento”  usualmente pensamos en sus aplicación con respecto a la salvación. Por ejemplo, Jesús enseñó que el arrepentimiento es un requisito para entrar el Reino (“Desde entonces comenzó Jesús a predicar: ‘Arrepiéntanse porque el Reino de los cielos esta cerca.” Mateo 4:17). En otra ocasión él “hace un llamado de arrepentimiento pues el desastre se avecina para aquel que no responda.” (Darrell Bock, Luke)

En aquella ocasión algunos que habían llegado le contaron a Jesús como Pilato había dado muerte a algunos galileos cuando ellos ofrecían sus sacrificios. Jesús les respondió: “¿Piensan ustedes que esos galileos, por haber sufrido así, eran más pecadores que todos los demás? ¡Les digo que no! De la misma manera todos perecerán, a menos que se arrepientan. ¿O piensan que aquellos dieciocho que fueron aplastados por la torre de Siloé eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? !Les digo que no! De la misma manera todos ustedes perecerán a menos que se arrepientan.” (Lucas 13:1-5 NVI)

Aunque el arrepentimiento es una virtud esencial en las relaciones humanas, como veremos más adelante, también es importante que nos acerquemos a Dios con un espíritu de arrepentimiento. Dios es el Juez divino.

Cada ser humano que ha anhelado por justicia puede estar agradecido de que hay un juez a quien le importan los asuntos humanos, quien tiene la autoridad y el poder soberano para administrar la justicia perfecta y quien corregirá cada injusticia. ¿A dónde estaría el mundo sin un juez?

Esta moneda también tiene otra cara, una que habla acerca de la necesidad de arrepentimiento. Ya que Dios es el juez divino, nadie puede tener una relación con Él sin una postura de arrepentimiento. Nosotros debemos mostrar una disposición humilde para considerar los justos reclamos de Dios con respecto a nuestras vidas y comportamientos, nosotros debemos responder completamente a la verdad a medida que el nos la da a conocer.

Aún otra dimensión del arrepentimiento se aplica a nuestra vida cotidiana. El libro de Proverbios nos enseña como vivir. De hecho, el libro de Proverbios no es acerca de la salvación y tiene poco que decir acerca de como llegar al cielo pero mucho que decir acerca de como vivir en esta tierra. Dentro de ese contexto, Proverbios tiene algo que enseñarnos acerca del arrepentimiento.

Si alguna vez has lamentado una acción, has tenido una prueba del arrepentimiento. El lamentar es sentirse mal acerca de una decisión. Prácticamente, todos hemos hecho algo que lamentamos. “Ojalá nunca le hubiera dicho eso a mi hermana.” Eso es lamentar. Pero el lamentar y el arrepentimiento no son sinónimos.

El arrepentimiento va más allá de lamentar algo. El arrepentirse es el reconocer el error en la presencia de aquel que fue ofendido: “Yo me equivoqué al decirte eso. Por favor perdóname.”

El libro de Proverbios no incluye la palabra “arrepentimiento” sin embargo, el concepto esa claramente ahí. Dos palabras relacionadas aparecen en el libro. Una es “confesión”. El termino Hebreo “yadah” significa expresar alabanza, hacer una confesión pública de los atributos de una persona (hay un enfoque en el contenido de la alabanza, dicha en voz alta, usualmente en el contexto de la comunidad). Nota que la confesión es pública, no solamente privada.

En el diccionario de Webster edición 1828, la confesión es definida como “el reconocimiento de un crimen, falta, o el fallarle a alguien, declaración abierta de culpa, fracaso, deuda, acusación”.  Observa que en cada caso hay una falla en la vida de una persona que debe ser reconocida. Tal falla debe ser reconocida internamente, pero la confesión real es llevada al ámbito público. Este es un paso difícil pero afirma un arrepentimiento genuino.

Tanto el término en Inglés como el término en Hebreo incluyen esta dimension pública de confesión. De nuevo, vemos un paralelo con la forma en que Jesús empleó el término. “A cualquiera que me confiese delante de los hombres, yo lo confesaré delante de mi Padre, que esta en el cielo.” (Mateo 10:32)

La segunda palabra en el libro de Proverbios que se relaciona con el arrepentimiento es la palabra “encubrir”. Imagínate a un niño que se porta mal secretamente. El sabe que ha hecho algo erróneo, pero trata de esconder su transgresión. Dios le ha dado una conciencia a los humanos. Aún cuando niños, sabemos cuando hemos errado. El libro de Proverbios indica que nuestros esfuerzos de esconder nuestros errores son insensatos y hasta dañinos.

El término Hebreo para “encubrir” significa “mantener escondido, mantenerlo para uno mismo” no responder con conocimiento, es decir, privar a otros de información, aunque uno conozca y entienda tal información.” El diccionario de Webster acarrea el pensamiento en Inglés de esta forma: “El mantener secreto o cerrado; abstenerse a revelar; retener una declaración; ocultar sus pensamientos u opiniones.” La sabiduría llama al arrepentimiento, el revelar lo que ha sido oculto.

El termino “transparencia” recibe mucha atención hoy en día, y es interpretado como una confesión publica en contraste a esconder nuestras ofensas. “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja halla perdón (Proverbios 28:13 NVI). ¿Quién podría olvidar los videos encubiertos del Centro de Progreso Médico que expusieron a los oficiales de la organización Planned Parenthood cuando negociaban los precios de miembros de los cuerpos de los bebes abortados y aún cosas peores.

James O’Keefe, fundador del Proyecto Veritas ha demostrado en repetidas ocasiones la tendencia de los seres humanos de “encubrir sus ofensas”. Los videos de O’Keefe han expuesto  muchos actos criminales que habían estado escondidos.

Estos son solamente unos cuantos ejemplos de muchos de los que puedes leer acerca del Proyecto Veritas.

Cuando acciones como estas son expuestas a la luz, las cosas cambian. Las personas son despedidas o resignan de sus posiciones como oficiales electorales. New Hampshire, Mississippi y Virginia pasaron leyes para presentar identificación fotográfica. Minnesota aprobó una rectificación constitucional donde todos los votantes requieren una identificación en las elecciones. Y el financiamiento con dinero de los impuestos para Planned Parenthood esta siendo cuestionado.

Aclamamos al Proyecto Veritas y a aquellos legisladores quienes han tomado acciones correctivas como resultado de estas investigaciones encubiertas. Podemos estar agradecidos con esfuerzos como los de O’Keefe hasta el grado que estas fechorías pueden ser rectificadas.

Ahora algo aún mejor: Los seguidores de Cristo modelan en la comunidad y en la sociedad la práctica de arrepentimiento, y de auto-revelación acerca de nuestros errores y animar a otros para hacer lo mismo.

Esta es una virtud que podría hacer mucho bien.

  • por Gary Brumbelow
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Noticias Falsas

El fruto inevitable de varias generaciones de naturalismo y evolucionismo es las falsas noticias.

El que una idea se mueva desde su concepción hasta su realización toma tiempo. En 1882 el filosofo Aleman Friedrich Nietzsche insinuó que “Dios esta muerto”. Desde la siguiente generación, hemos visto la muerte gradual de todo aquello que esta basado en la existencia de Dios, incluyendo la verdad objetiva, la bondad, y la belleza.

Dios fue desechado por el mundo moderno y post-Cristiano. Algunos Cristianos y Judios continúan afirmando conscientemente la verdad de la existencia de Dios y la realidad del mundo que El creó. Pero muchos simplemente viven del recuerdo de este marco de referencia. La mayoría en el mundo moderno ha rechazado el paradigma Judeo-Cristiano y han consciente o inconscientemente abrazado el paradigma moderno-naturalista.

El hombre moderno (en comparación con el post moderno) ha mantenido una metanarrativa naturalista. El considera que la verdad concierne solamente a lo científico. Lo que se refiere solamente a las cosas que pueden ser examinadas por los sentidos son verdaderas. Esto implica el perder por ejemplo por lo menos la mitad del universo, todo aquello que no vemos: el amor, la intuición, la creatividad, la verdad, la bondad, y la belleza.

En el mundo postmoderno o Neo-pagano por otra parte, ha abandonado el concepto de metanarrativa por completo. No existe un conocimiento unificado. La verdad ahora es una verdad pequeña, mi verdad. El mundo y todos sus hechos desaparecen. El mundo es más pequeño, es simplemente lo que yo imagino que es. Toda la “verdad” es una construcción social. La realidad de la biología es reemplazada con el género con el cual una persona se “identifica”. Así como hemos escrito anteriormente, la verdad ha sido reemplazada por una “narrativa”.

Mira este video dónde los estudiantes de la Universidad de Seattle exponen so concepto de la verdad como una construcción social.


Hemos escrito acerca de este fenómeno en el mundo de la política anteriormente.

En los últimos meses dos frases que reflejan la influencia postmoderna han capturado la atención del publico: post-verdad y noticias falsas.

Casper Grathwohl, el presidente de Oxford Dictionaries, dijo que “post-verdad (la palabra internacional del año 2016) “podría convertirse en una de las palabras que definan nuestro tiempo.” Post-verdad es definido como “un adjetivo relacionado con las circunstancias en las cuales los hechos objetivos son menos influyentes en moldear la opinión pública que la apelación a las emociones. Evidentemente, la palabra fue utilizada por primera vez en 1992. Pero no se utilizo lo suficientemente frecuente como para recibir alguna atención hasta el 2016 cuando su uso incrementó por 2,000% en comparación con el año anterior.

Grathwohl dijo “Alimentado por el incremento de las redes sociales como una fuente de noticias y una desconfianza mayor por los hechos dados por un establecimiento, la post-verdad se ha arraigado lingüísticamente por un tiempo.” Revisa este enlace si quieres leer más.

Sin ser superado, el diccionario Australian Macquire identificó su palabra del año 2016 como “noticias falsas (fake news) desinformación y engaños publicados en sitios web por razones políticas o para adquirir más presencia en la web” y la información incorrecta pasando a través de las redes sociales.”

Esta definición se queda corta al limitar “noticias falsas” solamente a las redes sociales y fuentes de internet. Mientras más y más personas reconocen que los medios de comunicaciones principales a menudo actuan como máquinas de propaganda y estadísticas para las élites establecidas en Europa y Washington D.C. Creo que los gobiernos Europeos que silencian a los medios y no permiten reportar de manera honesta la violencia y violaciones perpetradas por las poblaciones de emigrantes Musulmanes. Encuentra más información aquí. La prensa Estadounidense es 90% estadista, apoyando las causas progresivas y votando por Hillary Clinton.

Una mejor mejor definición de “noticias falsas” es el reportar, por parte de ambas fuentes de noticias “profesionales” e informales, noticias que no corresponden con una verdad objetiva. Para más información, lee ‘Fake news’ named word of the year by Macquarie Dictionary

Ambos, “post-verdad” y “noticias falsas” asumen que una verdad objetiva ya no existe; la verdad se compone a medida avanzamos, es una construcción social.

Aunque “post-verdad” y “noticias falsas” comparten un fundamento, también tienen diferencias. “Post-verdad” es mas benigno, reflejando el contexto de una cultura. Las personas pueden decir lo que quieran independientemente de una conexión a la realidad. Hemos atestiguado esto en el video anterior.“Noticias falsas” es más engañoso. Es un lugar donde la “verdad” es fabricada para manipular al público.

Sería más acertado el llamarle una “mentira” o propaganda. Es el mentir a las personas conscientemente, así como uno guiaría ovejas, para apoyar las preocupacion
es sociales y causas políticas de las élites sociales gobernantes. El paradigma Judeo-Cristiano crea un marco de referencia para la verdad objetiva, la verdad con una “V” mayúscula.

 

El asumir ciertos hechos es fundamental para el concepto de la Verdad objetiva:

  • Dios existe.
  • Él ha creado un universo real y organizado.
  • Él se ha revelado a sí mismo a través de sus obras- creación y su Palabra- la Biblia
  • El hombre ha sido creado en la imagen de Dios y puede explorar el universo para entender la naturaleza, estructura y leyes del mismo

Al asumir estos hechos, los seres humanos son llamados a una gran aventura, para explorar la creación y en ella encontrar verdad así como vivir dentro del marco de referencia de la realidad tal como Dios la ha creado.

Esta aventura requiere las virtudes  de una mente inquisitiva, integridad personal y grupal, honestidad, a veces valentía, y voluntad de seguir la evidencia. Esto requiere pensamiento crítico, es decir, pensar abiertamente y desafiar todo aquello bueno que corresponda con la realidad. Como escribe el Apóstol Pablo en Romanos 12:2, “No se conformen a este mundo, sino sean transformados por medio de la renovación de vuestro entendimiento para que puedan discernir la voluntad de Dios, la cual es buena, agradable y perfecta.”

Las personas en busca de la verdad deben estar dispuestos a pensar. Jesús dice en Juan 8:31-32 “Sí se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad y la verdad los hará libres.”

Nosotros debemos buscar la verdad que nos dará libertad.

Dos enfoques son mostrados en Hechos 17. Primero, cuando Pablo “razonó” con los Tesalonicenses, algunos creyeron pero algunos reaccionaron de manera emocional y armaron una turba. Cuando Pablo enseñó en Berea, las personas “que recibieron el mensaje con toda avidez y todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba.” ¿En qué estaban interesadas las personas de Berea? ¡Ellos querían conocer la verdad! Esta era la virtud que los separaba de los Tesalonicenses.

Entonces, ¿Quién tiene tiempo para pensar? ¿Para qué pensar por uno mismo en vez de tomar el consenso del internet como comida rápida para la mente? ¿Para qué pensar suficientemente a la luz de la sabiduría Bíblica y ser capaces de discernir? ¿Para qué tener espacio para adoración, para la soledad, para disciplinas espirituales, y el espacio de vivir como una contracultura de la locura en ésta vida? Puede ser que este mundo avanzado y moderno requiere mayor discernimiento que cualquier otro tiempo anterior enfrentado por los Cristianos en la historia. Sin embargo, es obvio que el mundo moderno nos permite menos tiempo para pensar acerca de la vida y nuestras propias vidas, y nos ofrece menos herramientas para poder luchar con sus mas profundos desafíos.

Ahora más que nunca, los vientos de la “post-verdad” y las “noticias falsas” nos asechan y debemos tomarnos el tiempo de preguntarnos, “¿Es cierto? Debemos abandonar los estándares falsos del pragmatismo ¿Sera que funciona? y el subjetivismo ¿Sé siente bien? El designar “post-verdad” y “noticias falsas” como las palabras del año representa un llamado a despertar para la iglesia. No seamos como los Tesalonicenses, sino como los hermanos de Berea. Seamos aquellos que buscan la verdad de nuevo. Y recreemos una cultura de la verdad así como hicieron nuestros antepasados Cristianos.

  • por Darrow Miller
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